Blog sobre la historia y la evolución de las tradiciones valencianas

sábado, 30 de mayo de 2015

Historia de un torrentí



Historia de un torrentí
 
Buenos tardes queridos lectores, amigos.
En esta ocasión, voy a contaros una experiencia vivida en la niñez. A veces, pienso que mi infancia fue emocionante. Siempre he sido una enamorada de las fiestas en honor a San José y hay muchas vivencias que recuerdo como si hubieran sucedido ayer…
 

Era una mocita que disfrutaba contemplando los pasacalles falleros; las jóvenes vestidas con esos trajes hermosos y llenos de peculiaridades fascinantes. Los hombres con la innovación del traje de fallero (sin destacar por sus prendas lúgubres), conviviendo con los traje de calle y algún niño o incluso joven, vestido de torrentí, calzado siempre con espardeñas. Observando a estos últimos, me quedaba anonadada. Eran los más aplaudidos por su peculiaridad. La imagen contigua os dará una idea de lo que digo.


 


Recuerdo que una mañana estaba en la esquina de los ultramarinos del barrio, una fallera se desmayó porque llevaba el justillo excesivamente apretado. La socorrieron tres jóvenes; dos iban vestidos de calle, y, uno, de torrentí. Parecía el galán de la película salvando a la chica, con ese pantalón ajustado por debajo de la rodilla, de idéntico color que la chaquetilla: ambos ocre, brillantes. Era el sol de la escena. Y es que los torrentís de mi época, a diferencia de los actuales que se confeccionan con numerosos tejidos, eran principalmente de raso en tonalidades fuertes: rojas, amarillas, verdes… Claro, llamaban muchísimo la atención. Lo apreciareis en las fotografías siguientes.
 
 
 
Pero la historia no quedó ahí. En medio de gentío, una vecina oriunda de Cádiz, señaló al muchacho ambarino, y le preguntó al presidente de la Falla: “Oiga, ¿por qué ese chico se viste así? Porque va de torrentí –contestó el caballero—. La señora no se quedó satisfecha, y volvió a interrogar: ¿Y qué es eso? El señor le sonrió y contestó: “Se ve que usted no es de aquí… Mire, buena mujer, es el traje de lujo que utilizaban los labradores valencianos antiguamente. Pero la tradición se perdió en casi todas las localidades. Sin embargo, Torrente la mantuvo. De ahí, el nombre de torrentí”.
 
 
 
Como lo contó en alto, la gaditana sonrió, y el resto de congregados, entre ellos, yo, nos quedamos más que satisfechos. En realidad, no puedo afirmar que la explicación sea cierta. Pero os aseguro que es lo que escuché allá por la década de los 60. Las instantáneas siguientes, reflejan la indumentaria de la década de los 50.
 

 
A posteriori, poco he encontrado que avale o desacredite dicha historia específica de la Comunidad Valenciana, pero he leído que el traje de torrentí es la evolución del traje goyesco. Comúnmente conocidos como traje de majo porque fue el atavío que utilizaron los hombres del pueblo para acicalarse y ponerse guapos, sobre todo, durante el periodo en el que vivió Goya, influenciado por la moda anglo-francesa. Si unimos mi historia y miramos el lienzo del maestro pictórico, observamos que las similitudes del torrentí utilizado a mediados del siglo XX con los trajes de majo, son más que evidentes.
 
 
Muestra actual del traje de torrentí que se utilizó durante parte de mi niñez y juventud, se sigue empleando en la actualidad. Como ejemplo, vemos a los componentes de este grupo de baile. Como vemos, el traje de torrentí, se caracteriza por llevar un pantalón ajustado por debajo de la rodilla que deja ver medias y ligas, un chaleco y/o chupetí; mocador, cofia o casquete, en la cabeza bajo diferentes sombreros… Ya hablaremos de estos complementos...
 

Mi pensamiento ha evolucionado con los años... Pienso que la historia de nuestros antepasados, es un documento imprescindible para que las generaciones futuras sepan de dónde vienen. Actualmente, doy cabida a reflexiones que antes no contemplaba. El traje típico de valenciana, es el que se utilizaba y sigue utilizándose en la exaltación de la FMV. Y representa a las Fallas. Por lo general, cuando vemos a una valenciana, decimos automáticamente: "¡Una  fallera!". Y, a lo mejor, no pertenece a ninguna comisión fallera. Nos quedan muchos años por comentar, hasta llegar al resurgimiento de la indumentaria tradicional de nuestros antepasados y a las tendencias afrancesadas del siglo XVIII. Todo ello, a partir de la década de los 80. En el siglo XX, la única señorita que lució indumentaria dieciochesca en su exaltación, fue Carla Muñoz Antoí-Candela, FMV en 1991.

Espero os haya agradado: me he confesado un poquito…


Un abrazo, Marian
 
©Marian Genovés mayo 2015

Imágenes cedidas de colecciones privada o tomadas de la red.
Redacción, Anna Genovés
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domingo, 24 de mayo de 2015

Indumentària d'un poble, un signe d'identitat – VI. El inicio del uniformismo fallero en el hombre.


 
Indumentària d'un poble, un signe d'identitat – VI. El inicio del uniformismo fallero en el hombre.
Buenas noches amigos. Antes de comenzar con el asunto que hoy nos ocupa: El inicio del uniformismo fallero masculino, hablaré, desde mi humilde punto de vista, del quid de la cuestión que lo puso en funcionamiento. Quiero decir: ¿Por qué surgió? Sin olvidar que se intentó modernizar algunas piezas utilizadas por nuestros antepasados, como se aprecia en el retrato que encabeza esta entrada. Pero de esto, ya hablaremos en otro apartado…
 
He leído muchos documentos relacionados con dicho contenido, y puedo aseguraros que algunos eran bastante confusos. Si nos ajustamos a la palabra “uniformismo”, podemos decir que, mayoritariamente, todos los uniformismos (entiéndase los referidos a la indumentaria), se han llevado a cabo por una cuestión muy simple: homogeneizar la vestimenta en los componentes de un determinado conjunto, para evitar la diferenciación social o los gustos particulares del individuo. Algo que introdujimos en la entrada anterior: Indumentàriad'un poble, un signe d'identitat – V. La década de los 50.
Por otro lado, no hay que olvidar la postguerra española, cuya herida abierta sangró durante décadas y fomentó que los españoles vistieran con prendas similares al uniforme militar. El vestuario de la sociedad de aquella época, fue el claro reflejo de las carencias que sufría. Pero, ¿cómo repercutió en el uniformismo fallero? Muy sencillo: equilibrando la indumentaria de los grupos corales y de danzas de la Sección Femenina de la Falange, y, por extensión, a los diferentes contextos culturales. Entre ellos, las comisiones falleras, que unificaron el extenso vestuario de nuestros mayores.
Es un tema espinoso que deberíamos tratar como parte de nuestra historia contemporánea; el uniformismo fallero ocupó varias décadas de nuestras fiestas josefinas. Justo en 1939 la Junta Central Fallera (institución que regula las Fallas), comenzó a desarrollar su actividad y, en 1945, se constituyó con un organigrama que todavía sigue vigente. La fecha exacta del año en el que Juan Martín Belda acopló estas ideas a los atavíos de los festejos falleros de Valencia, es algo muy discutido. Según unos textos fue en 1954. En otros, casi una década después... Sucede que, como en todas las “modas”, impuestas o elegidas, cuando llegan, no todos las utilizamos.
Así pues, en distintas imágenes del mismo año, unos caballeros lucen uniformados, y otros con traje de calle o como lo hacían nuestros predecesores: de torrentí o labrador. Tal como vemos en las distintas fotografías que acompañan este capítulo. Una cosa está clara, las imágenes del uniformismo fallero anterior a la década de los 60, son casi inexistentes… Si tenéis alguna fotografía a mano, estaría encantada con vuestra colaboración, y, por supuesto, la incluiría en este artículo.
Un abrazo muy fuerte y gracias por seguirme, Marian
©Marian Genovés – mayo 2015

P.D. En la siguiente entrada: Indumentària d'un poble, un signe d'identitat – VI. El inicio del uniformismo fallero en la mujer. O, ¿por qué no? Diferencias entre las prendas que llevaban nuestros precursores y las que utilizaron los hombres que vistieron el uniformismo fallero. Hay mucho de lo que hablar. Iremos, poco a poco.
Fuentes:
Valenpedia, la hemeroteca valenciana. Diario Las Provincias.
ABC hemeroteca.
Blogs de asociaciones culturales y de diferentes Fallas.
La evolución de la indumentaria valenciana desde finales del siglo XVIII hasta  nuestros días – parte II. Llibret de la Falla del Mocador de Sagunto 2009, por Marian Genovés.
Imágenes tomadas de internet o cedidas de colecciones privadas.
Redactora, Anna Genovés.
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domingo, 10 de mayo de 2015

Goya y el siglo XVIII


 
Pintura e indumentaria: Goya y el siglo XVIII
Desde antaño, el arte ha estado ligado a la indumentaria y sus cambios. De hecho, es una de las fuentes más fiables que existen. En esta ocasión, hablaré de la pintura; partiendo de la premisa de que los óleos suelen plasmar los distintos estamentos sociales: pueblo, burguesía y aristocracia.
En la Comunidad Valenciana, muchos maestros han dejado constancia de nuestra vestimenta y su evolución. Entre ellos: José Pinazo, Antonio Gisbert, Tomás Rocafort, Bernardo Ferrándiz Badenes, Emilio Frejo Abegón, Emilio Frejo Gutierrez, González Alacreu, José Mongrell, Gonzalo Meseguer, F. Cabrera, G. Puig Roda, Bernardo Ferrándiz Badenes, Joaquín Agrosot, R. Boluda, Colomer Talamntes, J. A. López Martínez, L. Bent… Y, cómo no, Joaquín Sorolla y Francisco de Goya. Intentaremos hablar de todos, poco a poco.
En esta entrada, comenzaremos con los lienzos de la primera etapa pictórica del maestro Don Francisco de Goya y Lucientes, y su importancia en la moda dieciochesca, tanto a nivel nacional como valenciano.
Tras La Revolución Francesa, el pueblo intentó anular los recuerdos de sus antiguos monarcas. Y la indumentaria, jugó un papel muy importante. El barroquismo arcaico, quedó relegado a un segundo plano en aquellos hombres deseosos de libertad que optaron por una moda neoclásica llamada estilo directorio. Años más tarde, como recordatorio de las túnicas greco-romanas, adquirió el nombre de estilo imperio. Como vemos en las siguientes imágenes…
 
Madame de Verninac por Jacques-Louis David (1799), luciendo un sencillo vestido de estilo directorio.
 
 
 
 
La Marquesa de Villafranca por Francisco de Goya (1805), ataviada con un vestido de estilo imperio. En uno de los laterales vemos que el artista se autoretrató. 
Las mujeres que vistieron el estilo imperio, llevaban prendas vaporosas de talle alto, combinadas con faldas largas. Mientras que los hombres, optaron por chaquetillas de diferente largura y pantalones a media pierna o tobilleros; zapato llano con hebillas o botas.
Esta moda, coexistió con el estilo goyesco hasta mediados del siglo XIX, y convivió con los estilos posteriores y su transición. Sin olvidar, que el vestuario pasaba de la aristocracia al pueblo y viceversa. Si bien, los nobles podían disponer de cualquier tipo de prenda en boga con todos los adornos que creyeran oportunos o sin ellos, mientras que el pueblo optaba a ella con sencillez. Como ejemplo de opulencia, el retrato contiguo…
 
 
La Familia de Carlos IV por Francisco Goya (1800). Las damas portan vestidos de estilo imperio con todo lujo de detalles y sobre adornos. Los caballeros lucen un estilo mixto de calzón corto sobre medias, tipo goyesco o majo, con chaquetillas asimétricas; cortas por delante y largas por detrás que evolucionarán hacia las levitas románticas.
En España, el estilo que predominó desde mediados del siglo XVIII a principios del XIX, fue el estilo goyesco; representativo de Goya. Popularmente conocido con el nombre de estilo de majas y majos, por extensión del concepto “guapura”. Dicho de otra forma, el pueblo deseaba vestir bien y verse favorecido.  Por este motivo, adaptó formas y maneras de la moda aristocrática anglo-francesa. Inicialmente, al alcance de las criadas, costureras, bordadoras, cocineras y demás servidumbre de la clase pudiente que acomodó a sus vestidos tradicionales las nuevas tendencias. Una muestra de la fusión de estilos…
 
El Quitasol por Goya (1777). Escena costumbrista de galanteo donde una joven, vestida con el estilo afrancesado de la época, es agasajada por un mozo vestido de majo sujetando el quitasol. Lienzo indicativo de la convivencia entre los diferentes estilos y la evolución de la moda, desde la vestimenta europea al majismo español.
La moda goyesca ha quedado plasmada para la posteridad en casi toda la obra de su precursor como vemos en muchas de sus obras…
 
 
El Cacharrero por Francisco Goya (1779). En este lienzo vemos otra escena costumbrista, en las que se reflejan las diferentes clases sociales. En primer plano, y según mención del propio autor, un “valenciano” vendiendo una vajilla a un grupo de mujeres. En segundo término, una carroza con lacayos y demás servidumbre, transportando a una dama adinerada.
 
 
 
 
El valenciano que Goya representa, viste chupa sobre camisa de mangas afaroladas, calzón corto, medias, ligas,  espardeñas, barret y montera. 
La mayor impulsora de la moda goyesca entre la nobleza, fue Doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, XIII duquesa de Alba, que posó para el artista en numerosas ocasiones. Ella potenció el “majismo” en las altas esferas. Cuenta la leyenda que la aristócrata sentía atracción por toreros y demás hombres de una condición social inferior, y que en sus salidas nocturnas, vestía de maja para deleitarse con animaciones prohibidas para los nobles.
 
La Duquesa de Alba y la beata, por Francisco de Goya (1795). El cuadro representa a la Duquesa de Alba asustando a Rafaela Luisa Velázquez, una de sus camaristas conocida con el sobrenombre de La Beata.
El traje de la duquesa porta adornos de estilo tapicero o isabelino, similares a los trajes de los rejoneadores actuales. Sin embargo, el largo de su falda tiene reminiscencias del postrero estilo imperio con su estilizado vuelo y su extremada largaria, pese a presentarse con talle a la cintura. Sorprende el barroquismo de los hombros en oposición a la estrechez restante de la manga.
Por otro lado, como emblema del atuendo del pueblo, sobrio y atemporal, aparece la figura La Beata con el mandil de doble cara y la cofia anudada al cuello.
Al fallecer el Duque de Alba en 1796, su esposa se trasladó a Sanlúcar de Barrameda para guardarle luto durante un año. Goya se instaló en dicha localidad por un tiempo, realizando una amplia colección de dibujos. En alguno de ellos, aparece la duquesa ligera de ropas… lo que sirvió como base para propagar diferentes habladurías y para descubrir la ropa interior de antaño. Está claro que entre ellos, cuanto menos, existió una relación amistosa.
 
 
La Duquesa de Alba peinándose, por Francisco de Goya (1797). En este retrato a plumín del maestro, distinguimos las enaguas y camisolas interiores que utilizaba la nobleza de aquellos tiempos.

 
 
La Duquesa de Alba de Maja, por Francisco de Goya (1797). En este hermoso lienzo aparece la duquesa vestida con la moda de la época, imitando el vestido popular de maja pero con tejidos ricos. El vestido es negro y lleva un fajín rojo, prenda emblemática de dicho vestuario. Lo extraordinario de la escena, es la belleza de la modelo, vestida de luto en contraste con el retrato anterior en el que lucía tonalidades fuertes.
Si nos ceñimos a Valencia, una de las provincias más interesadas en promocionar las nuevas tendencias de la moda europea. Diremos que el estilo imperio solo tuvo acogida entre la sociedad privilegiada. El pueblo había descubierto la manera de engalanarse, y estos nuevos trajes no tuvieron demasiada aceptación.
Un pensamiento: “la simultaneidad y combinado de distintas modas a lo largo del tiempo, son necesarias para comprender la evolución de nuestra indumentaria”.
Y esto es todo por esta semana. Voy a tomarme unas vacaciones para recoger información. Desconozco cuándo volveré a colgar una nueva entrada. Quizás en siete días, o tal vez el mes próximo. Un abrazo y muchas gracias.
©Marian Genovés
Mayo 2015
Fuente: La evolución de la indumentaria valenciana desde finales del siglo XVIII a nuestros días, parte II, Llibret de la Falla Mocador  de Sagunto, 2009. Por Marian Genovés. Imágenes tomadas de la red.
 
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sábado, 2 de mayo de 2015

Exposición: Tipos y trajes populares valencianos.


 
Exposición: Tipos y trajes populares valencianos.
 

Buenas tardes amigos. En esta ocasión, me acerco a vosotros para presentaros una nueva sección del blog ELS GUIYONLS – EL ARTE DE LA COSTURA: Exposiciones.

En este apartado, iré colocando las exposiciones y otros eventos, en los que he participado como directora, colaboradora o simplemente, espectadora, como en este caso.

La exposición a la que hoy me refiero, es una estupenda muestra de la indumentaria tradicional valenciana desde tiempos remotos. Su nombre: TIPOS Y TRAJE POPULARES VALENCIANOS. 60 litografías llenas de historia, emplazada en la Casa-Museo Benlliure y que os animo a visitar.

La exposición, recopila obras de maestros pictóricos como José Ribelles o Juan de la Cruz (referentes indispensables para el conocimiento de la indumentaria tradicional valenciana), libros de viajes, grabados, revistas… Fechados desde el siglo XVIII al XX. Un compendio que nos enseña la variedad de los atavíos valencianos. Como curiosidad, decir que predominan los trajes de hombre, colmados de piezas olvidadas u otras con influencias del momento. Os dejo algunos de los grabados expuestos… Referencia de cómo iban vestidos nuestros antepasados.

En primer lugar, tenemos una pareja de valencianos vestidos de fiesta. Ella con un traje acompañado por complementos y adornos, aderezos y bordados vistosos. Confeccionado con tejidos especiales, comparándola con la ropa utilizada a diario. El cabello, aparece recogido en un moño con numerosos caracoles y ondas en la parte frontal.

Todo ello, teniendo en cuenta que nunca portaban el lujo que actualmente lucimos.
 

El caballero, con saragüell y negrilla;  casaqueta  y chupetí, junto a otros complementos. Acorde con la señorita, pues hablamos de la indumentaria tradicional para la fiesta.


A continuación, una pareja de huertanos. Como es lógico, ambos llevan ropa de trabajo. Los complementos de la mujer son más sencillos, lo mismo que el aderezo y los adornos de la falda. Curiosidad, los volantes de las mangas. Los tejidos parecen bastante sencillos. El cabello, recogido en un topo más bien alto.



El joven, con saragüell –la prenda más utilizada por los hombres en la ropa de faena—, blusa, chaleco, espardeñas con calcetines y ligas, y chupa sobre el hombro.

En conjunto, esta pareja de huertanos, es una muestra idílica que, seguramente, el artista quiso reflejar de manera muy personal.

Un abrazo y que paséis buena semana, Marian
©Marian Genovés – mayo 2015
 
P.D. La próxima publicación, una curiosidad o, quizás, LA INDUMENTÀRIA D'UN POBLE, UN SIGNE D'IDENTITAT – VI. La minifalda.  ¡Ja vorèm!


 

Casa-Museo Benlliure
 
C/ Blanquerías nº 23
46003 – Valencia
Teléfono: 963 91 16 62

 
Exposición abierta hasta septiembre
 

Horario

De martes a sábado:
9:30h a 14:00h y de 15:00h a 19:00h

Domingos y festivos:
9:30h a 15:00h

 
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© El arte de la costura - Marian Genovés, AllRightsReserved.

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